Un cepillo para dos melenas
Estábamos en una sala de clase sobre la cual no se pueden dar muchos detalles. La profesora salió hacia la sala de profesores al fondo del corredor y, en ese breve momento de libertad adolescente, un personaje X se subió a la mesa principal con el cepillo de la profesora en la mano y empezó a bailar un reguetón como se bailaba en esa época: un poco tieso, moviendo la cadera mientras todo el salón estallaba en aplausos y carcajadas. Pero bastaba escuchar pasos por el corredor para que todo volviera a la normalidad. Cada uno en su puesto, caras de inocencia absoluta. Solo quedaba mirar de reojo el momento inevitable en que la profesora regresaba, tomaba su cepillo —como siempre— y se lo llevaba a la cabeza sin sospechar el pequeño espectáculo que había ocurrido minutos antes.








